
Estos últimos días he estado realmente alejada del mundo cibernético, alejada de la internet y de toda esa basurita que rodea a la red. Es que el otro día luego de un largo turno de noche, me fui con mi colegui y amigui a pasear por el centro, vitrinear en búsqueda de los regalos de navidad perfectos (es que el consumismo está haciendo estragos en mi cuenta corriente) y finalmente a ponernos lindas en una peluquería.
Compramos cosas que no necesitamos y nos fuímos a comer chino... nada mejor que un almuerzo con verduritas salteadas y aliñadas, acompañadas de unas empanaditas de camarones con queso y mucho pero mucho verde como a mí me gusta mmmm ya me entró el hambre otra vez. Ideal para un post turno.
Después de eso a su depto., cambiarnos de ropa y a la piscina... y aquí viene lo bueno.
Bajamos bastante tarde a la piscina, que a pesar de ser un día laboral, estaba más o menos llena de niños y algunos adultos. Mientras bajábamos nos dimos cuenta de que los niños, incluso los más pequeños, nadaban como peces en el agua, y se movían hasta por las partes más profundas de la piscina que supera los dos metros; mientras nosotras no sabemos ni siquiera flotar jajaja, ¡quedámos en ridículo frente a varios niños de apenas cinco años!
Pero bueno qué puedo hacer, si apenas el agua aumenta su nivel y me llega a la altura de la nariz me viene una claustrofobia tremenda, me desespero y comienzo a lanzar patadas y brazadas como si me estuviera ahogando, aunque toque el fondo con los pies....
La única moraleja que saco de todo esto es que si llego a tener hijos, procuraré que aprendan a nadar y no pasar vergüenzas como su madre...
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